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Cristián Londoño Proaño: “La política es una lucha sucia de intereses”

Cristián Londoño Proaño es un escritor que ha apostado por la ciencia ficción y la fantasía, géneros que empiezan a resonar y a atraer lectores dentro del país. Ha abanderado iniciativas como Teoría Ómicron, una revista digital especializada en estos géneros con proyección hacia todos los hispanohablantes y que ha aglutinado variadas y atractivas propuestas literarias, tanto de creación, crítica y difusión. A finales de 2018 e inicios del presente año, desde Libros Duendes trabajamos en la edición de su novela Doce horas. La presente conversación despeja algunas dudas en torno a la novela y nos invita a conocer otras facetas de su creación.

¿Doce horas es una novela que imbrica en su narrativa la historia de una descarada lucha por intereses de poder y los pactos previos entre políticos y medios de comunicación, todo esto aunado a un trasfondo de suspenso. ¿Cómo fue concebida Doce horas, de dónde nació la idea?

Doce horas nace de mi crítica a la corrupción de la sociedad ecuatoriana. Una corrupción que no sólo se ha expandido a los niveles estatales, sino privados.

En un momento de mi vida estaba indignado con los casos de corrupción de los políticos y de los funcionarios estatales. Me puse a investigar los caso de corrupción, y comencé a advertir las relaciones entre la política, poder, dinero y los medios de comunicación. Supe de casos terribles de corrupción y de la lucha frenética por el poder. Luego, en ese estado de indignación y rebeldía me puse escribir la novela.


Es interesante notar que Doce horas también aborda las relaciones de pareja, ¿de qué manera usted las trata y qué otras temáticas subyacen en las páginas del libro?

En Doce horas, el tema de la pareja es casi central. La pareja es esencial para la sociedad. Cuando la pareja está enferma, la sociedad no avanza. En mi novela, hay dos parejas, la una ligada por intereses de poder, y la otra por intereses amatorios. Pero en ambas parejas hay abuso masculino, infidelidad y secretos no confesados.


¿Es tan sucia la política como se narra en la novela?

Como se la trata en la novela, la política es una lucha sucia de intereses. Pero la política es la ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados. Es decir, la política es útil al ser humano. El problema son los practicantes, los políticos. Aquellos políticos que luchan por tener poder por poder, y han abandonado las cualidades de su profesión: servicio, responsabilidad y mesura.

Doce horas tuvo una primera edición digital y ahora toma nuevos aires con una edición en físico. En su experiencia, ¿qué tan importante es cada uno de los modos de distribución y cuáles son sus ventajas directas?

La distribución de los libros se ha diversificado. Ahora los libros se distribuyen en digital y en físico. En este punto, las grandes plataformas como Amazon, Smashwords o Apple han logrado apuntalar la distribución de libros a precios competitivos. Gracias a la distribución on line un escritor ecuatoriano puede ser leído en Japón y España. Además de que el escritor obtiene el 70% de los derechos de su libro. Este cambio en la distribución de los libros favoreció al autor, pero hizo que el mercado editorial disminuyera.


Usted ha centrado el grueso de su obra en la ciencia ficción y la fantasía; no obstante, Doce horas escapa a esta categorización, ¿a qué responde esta necesidad de cambiar de registro?

Debo confesar que no es un giro en mi producción literaria. Doce horas fue escrita en el 2005 y estuvo lista para su publicación en el 2006, y constituyó mi primera novela. Es una novela de búsquedas. Buscaba mi estilo literario y los temas que me apasionaban. En esos tiempos, paralelamente leía ciencia ficción y no lograba tener una versión publicable de Los Improductivos. Pero por caprichos de la vida, la cronología se alteró. Luego de terminar Doce horas, comencé a enviar propuestas a editoriales, y no la publicaron, porque consideraban que era una novela polémica y podría traer problemas. No fue sino hasta el 2016 en que me decidí a publicar mi primera novela por medios digitales. Y luego en el 2019, el sello editorial Libros Duendes publica la edición en papel. Es decir, Doce horas fue la primera novela, y si se quiere se podría decir que luego enderecé el camino hacia la ciencia ficción y fantasía.

¿Cómo ve el actual panorama literario en Ecuador?

A breves rasgos, el panorama literario lo veo en una dinámica interesante. Hay nuevos autores que no son necesariamente de la capital o de Guayaquil. Casos como Martín Cadés en Ambato, Diego Maenza de Los Ríos, o Jorge Jaramillo de Sucumbíos. También, las escritoras ecuatorianas han surgido con nuevas narrativas que han logrado captar la atención internacional. Es innegable el trayecto exitoso de la literatura infantil y juvenil, que ha logrado encantar a sus lectores y premios internacionales. También, la poesía tiene varios nombres ilustres, que son considerados referentes continentales. Pero también hay racismo a las otras literaturas. Todavía la ciencia ficción y la fantasía no son consideradas importantes en el panorama literario nacional. Estas literaturas son invisibilizadas. En el país existe solo un crítico especializado en ciencia ficción.


¿Y en Latinoamérica?

Es una pregunta muy amplia. Latinoamérica ha seguido creciendo literariamente. Ya se pasó el Boom y los escritores han surgido. Focalizando mi respuesta a mi área, que es la ciencia ficción y la fantasía, hay autores interesantes que han comenzado a surgir en los países latinos. Tenemos autores como Jorge Baradit, Jorge Collao o Armando Rosselot en Chile, Antonio Mora Vélez en Colombia, Carlos Federici o Mónica Marchesky en Uruguay, Laura Ponce en Argentina, Daniel Salvo en Perú, Iván Prado Sejas en Bolivia.


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