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La emancipada (fragmento 2)



—Pues entonces ¿quién era el muchacho y a qué ha venido?

—Fue el paje de Eduardo Ramírez y vino a darme la noticia de que se trata de casarme el 6 del presente.

—¿Por eso estás llorando?

—Ya no lloro: perdone usted la niñada de haber creído por un rato que usted hubiera convenido en entregarme para siempre a un hombre que ni siquiera he conocido.

—Eres todavía muy muchacha y estás mal educada: debes saber que el señorío de esta jurisdicción es vizcaíno y asturiano puro, y desde el tiempo de nuestros antepasados ha sido costumbre tener las doncellas siempre en la recámara y arreglarse los matrimonios por las personas de consejo y de experiencia que son los padres de los contrayentes. Así me casé yo con tu madre, y en realidad de verdad, al no haber sido así, no me habría casado, porque tus abuelos (que Dios haya perdonado y tenga entre santos) cometieron el desbarro de que un maldito fraile (perdóneme su corona), que vino a esa tontera de escuelas normales, hiciera leer malos libros a la muchacha. Con ese veneno se volvió respondona, murmuradora de los predicadores, enemiga de que se quemaran ramos benditos para aplacar la ira de Dios, y amiga de libros, papeles y palabras ociosas; de modo que nadie quiso casarse con ella en la ciudad, y con justa razón, porque ella en vez de hilar y cocinar, que es lo que deben saber las mujeres, le gustaba preguntar en dónde estaba Bolívar, quiénes se iban al Congreso, qué decía la Gaceta, y guardaba como cosa de reliquia esos libros de Telémaco y no sé qué otros extravagantes que le había dejado ese fraile, que ni sé como se llamaba: unos le decían padre normal, otros padre masón y otros padre maestro. Pero volvamos al asunto, como nadie quiso casarse con la masoncita remilgada, me la endosaron a mi diciéndome que era una perla. Bastante me hizo rabiar con sus resabios; pero ya se murió y todo se lo he perdonado por amor de Dios. Con que ya ves que si a una normalista como a tu madre la casaron sin que me conociera, a una dócil y obedienta como tú se la ha de casar como a persona de valer. ¿Estamos en ello?... ¿No respondes?... Sabes que estoy atrasado en mis intereses, que necesito trabajar para ti misma y que no puedo estar toda la vida ocupado en cuidarte.


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